A las miles de personas que leen, comentan, discuten, comparten y sostienen estas palabras en Facebook: gracias. Gracias con el corazón abierto y con la voz clara. Nada de esto existiría sin ustedes, sin su tiempo, sin su pensamiento crítico, sin su amor; a veces silencioso, a veces vehemente, por este país que nos duele y nos impulsa.
Cada comentario, incluso el que discrepa, confirma algo esencial: México piensa. México no está dormido. México dialoga, se confronta, se pregunta, se busca. Y eso, en tiempos de ruido vacío y cinismo rentable, es un acto profundamente esperanzador. Leerlos es comprobar que el pueblo no es una masa amorfa, que es, una inteligencia colectiva viva, diversa, intensa y solidaria.
Gracias por compartir los artículos, por llevarlos a otras orillas, por defender ideas con argumentos, por no rendirse al insulto fácil ni al desaliento cómodo. Gracias por no abandonar la conversación pública, por seguir creyendo que la palabra importa, que el pensamiento importa, que la dignidad importa. Compartir no es un gesto menor: es una forma de resistencia y también de siembra.
Deseo para cada una y cada uno de ustedes, claridad en el pensamiento y honestidad en la obra. Que nadie les robe la capacidad de dudar ni la valentía de sostener convicciones. Que no se dejen arrastrar por el odio ni por el miedo, porque esos son los instrumentos favoritos de quienes no tienen proyecto ni amor por la nación.
Nuestro país es bello no sólo por su tierra, su historia o su cultura, es intensamente bello por su gente: por ustedes. Por el pueblo que trabaja, que cuida, que recuerda, que lucha, que no se resigna a vivir de rodillas. México es más grande que sus traiciones y más fuerte que quienes apuestan a su fracaso.
Sigamos pensando juntos, incluso cuando no estemos de acuerdo. Sigamos defendiendo la vida, la justicia y la soberanía con palabras firmes y con actos congruentes. Sigamos creyendo que este país merece ser construido, no saqueado, y que el futuro no se pide prestado: se levanta.
Gracias por estar, por leer, por compartir, por pensar y por amar a México desde donde cada quien puede. Que la esperanza no sea ingenuidad, que sea decisión. Que el amor al pueblo sea siempre más fuerte que el ruido del cinismo.
Que este año nuevo nos encuentre con la mirada despierta y el corazón firme. Que tengamos claridad para pensar, valentía para actuar y ternura para no olvidar de dónde venimos. Que el miedo no nos robe la palabra ni la dignidad, y que el amor por nuestro país se traduzca en obras justas, pensamiento libre y esperanza activa. Les deseo un año de salud, conciencia y propósito, donde cada paso, por pequeño que parezca, sume a un México más humano, más libre y más nuestro
Con gratitud profunda y confianza en ustedes,
Ana María Garduño ![]()

