Durante décadas nos dijeron que el enemigo del campo mexicano, eran “los malos precios”, “la falta de modernización”, “la baja competitividad”.
Mentira.
El verdadero enemigo ha sido siempre el mismo: las corporaciones que se enriquecen arruinando al campesino, disfrazadas de empresas nacionales, protegidas por gobiernos complacientes y conectadas con los especuladores de Chicago.
Hoy, mientras México intenta recuperar su soberanía energética, agrícola y alimentaria, las grandes harineras, hoy encabezadas por Altagracia Gómez, dueña del grupo MINSA y sus socios han elegido otro camino: el camino de la traición, ese donde el beneficio económico vale más que la salud del pueblo, más que la vida rural, más que la identidad de un país entero. Esta es una verdad incómoda. Y por eso mismo, debe decirse con toda la fuerza.
El crimen económico de las harineras, es el maíz transgénico que nos imponen con esta afrenta que nadie quiere nombrar: las harineras más poderosas del país están traicionando deliberadamente al campo mexicano. Mientras el campesino nacional lucha por sostener una milpa digna, mientras México recupera fertilizantes, rescata coquizadoras y protege su energía, un grupo de empresas, encabezadas por Altagracia y los consorcios harineros— están haciendo exactamente lo contrario. Están comprando maíz transgénico barato en Estados Unidos para fabricar las harinas y las tortillas que comemos cada día:
• Es un crimen silencioso.
• Una infamia disfrazada de “eficiencia”.
• Un negocio redondo para ellas,
• y una condena para millones de mexicanos.
• Compran maíz transgénico “a precio de risa”
• pero venden harina como si fuera oro**
El maíz transgénico que importan no compite con el mexicano: lo aplasta.

Porque llega subsidiado, barato, inflado artificialmente por los jugadores de Chicago. Las harineras lo compran a costo mínimo y luego venden las harinas y tortillas al precio más alto posible, obteniendo márgenes de ganancias obscenos, mientras los campesinos mexicanos pierden cosechas, tierras y generaciones completas. Esa diferencia entre costo de importación y precio final, no es ganancia legítima: es saqueo.
Otro insulto: las grandes harineras reciben subsidios, incentivos, estímulos fiscales y facilidades logísticas. Pero el campo mexicano, la fuente verdadera del maíz, la cuna histórica de ese grano sagrado, no recibe ni una fracción del apoyo que reciben esas empresas. Mientras el campesino lucha contra el clima, el mercado y los especuladores, las harineras sólo luchan por ver quién gana más a costa de la gente que come su producto y del agricultor que debería ser protegido. El mensaje es brutal:
• El campo produce cultura
• las corporaciones producen ganancias;
• y el Estado, capturado en esta parte del juego, protege a las corporaciones.
• El maíz mexicano es vida.
• El maíz transgénico es negocio.
No existe comparación posible entre el maíz mexicano y el maíz transgénico industrial de Estados Unidos:
• El maíz mexicano es orgánico, nutritivo, genéticamente diverso,
• resultado de miles de años de conocimiento indígena.
• El maíz transgénico es un producto modificado para soportar herbicidas,
• creado para maximizar rendimientos de empresas, no nutrición humana.
• Elegir el segundo sobre el primero es una traición histórica.
• Es como si Italia dejara morir su trigo para comprar fideos baratos de China.
• Es como si Francia renunciara a su vino para importar mezclas industriales.
En México el maíz es un símbolo patrio, es el alimento base de 130 millones de personas. No se puede permitir esta estafa de las harineras contra el pueblo mexicano. Cada tortilla hecha de maíz transgénico barato, esta envuelta en una mortaja para el pueblo consumidor, en una derrota para el país.
Es la prueba de que seguimos colonizados no por soldados… sino por contratos. Las harineras están desplazando al campesino, están alterando la salud, el sabor, la identidad y la economía de México. Y encima se enriquecen como nunca porque venden harinas transgénicas como si tuvieran la excelente calidad del grano mexicano, de nuestro producto nacional. Eso no es comercio: es corrupción corporal y económica.
Este es el reclamo:
• México no puede tolerar este crimen un día más
• ¿Queremos soberanía alimentaria?
• ¿Queremos proteger al campo?
• ¿Queremos que el maíz mexicano sobreviva?
Entonces hay que decirlo con claridad:
• Las harineras deben dejar de comprar maíz transgénico barato.
• Deben pagar precios justos al campesino mexicano.
• Deben dejar de robar margen de ganancia a costa del pueblo.
• Deben transparentar costos y origen.
• Y deben entender que la tortilla mexicana no puede seguir siendo producto de Monsanto.
